martes, 30 de junio de 2009

sintonizando a ballard (2): intersección con bellmer


(Hans BellmerLa muñeca)

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"Desde luego, Serena no participaba nunca de nuestras conversaciones, y ése era sin duda un vital elemento de su encanto. Mis amigos y yo pertenecíamos a esa generación de hombres que al comienzo de la madurez se había visto obligada, aunque sólo fuese por necesidad sexual, a una aburrida aceptación del feminismo militante, y había algo en la pasiva belleza de Serena, en su inmaculado pero anticuado maquillaje, y ante todo en su inquebrantable silencio,  que expresaba una profunda y grata deferencia hacia nuestra herida masculinidad. En todos los sentidos, Serena era el tipo de mujer que inventan los hombres.

(...)

Una noche de domingo, en noviembre, aprendí algo más sobre Serena Cockayne. Después de trabajar toda la tarde en el estudio levanté la mirada del escritorio y la vi sentada de espaldas en el rincón. Distraído por un problema profesional, la había dejado allí sin darme cuenta después del almuerzo, y se le notaba una cierta melancolía en los hombros cargados, casi como si hubiese caído en desgracia. 


Al hacerla girar hacia mí noté una pequeña mancha en su hombro izquierdo, tal vez una partícula de yeso caída del cielo raso. Intenté cepillarla, pero la mancha no desapareció. Se me ocurrió que la piel sintética, probablemente fabricada con algún plástico experimental primitivo, podría haber comenzado a deteriorarse. Encendí una lámpara de mesa y examiné los hombros de Serena con mayor atención. 

Contra el oscuro fondo del estudio, la aureola de vello que cubría la piel de Serena confirmaba toda mi admiración por el genio de su hacedor. Defectos casi imperceptibles, manchas sutilmente tenues que sugerían superficiales vasos capilares, arraigaban la ilusión en el realismo más firme. Yo siempre había creído que esa obra maestra de imitación cutánea no se prolongaría más allá de unos cinco centímetros por debajo del vestido, y que el resto del cuerpo de Serena estaría hecho con madera y cartón piedra. 


Mirando los angulosos planos de esos omóplatos, las modestas curvaturas de los pechos tan bien ocultos, di rienda suelta a un impulso repentino y nada lascivo. De pie detrás de Serena, tomé entre los dedos el cierre plateado y, con un solo movimiento, se lo bajé hasta la cintura. 


Mientras miraba la ininterrumpida extensión de piel blanca que se prolongaba hasta un par de caderas rollizas y los inconfundibles hemisferios de las nalgas, comprendí que el maniquí que tenía delante representaba a una mujer completa, y que su creador había prodigado tanta habilidad y arte en esas partes cubiertas de su anatomía como en las visibles.

 
El cierre se había atascado en el extremo inferior de la oxidada cremallera. Había algo de ofensivo en el forcejeo con el vestido suelto de esa mujer semidesnuda. Mis dedos tocaron la piel de la espalda, sacando el polvo que se había acumulado allí durante años. 

Entre la columna y la cadera, en diagonal, presentaba la huella de una considerable cicatriz. Di por sentado que esa marca señalaba una abertura esencial para la fabricación de esos modelos. Pero las hileras de suturas, a ambos lados de la cicatriz, eran demasiado evidentes. Me levanté, y por unos instantes observé a esa mujer parcialmente desnuda, que miraba plácidamente la chimenea con la cabeza ladeada y las manos enlazadas.

 
Cuidando de no dañarla, le aflojé el corpiño. 


Aparecieron las curvaturas superiores de los pechos, marcadas por los breteles. Entonces vi, dos centímetros por encima del pezón izquierdo todavía oculto, un enorme lunar negro. Le subí el cierre del vestido y le alisé con suavidad la tela sobre los hombros. Me arrodillé en la alfombra delante de ella y le miré con atención el rostro, las tenues fisuras de las comisuras de la boca, las diminutas venas de la mejilla, una cicatriz infantil debajo de la barbilla. Me dominó una curiosa sensacion de excitación y de asco, como si hubiera cometido un acto de canibalismo."

(J.G. Ballard, "La sonrisa" -fragmento-, en Mitos del futuro próximo, 1982)

26 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Demoledor, Rubén. La muñeca de la fotografía es el maniquí del cuento y está viva, quizá más viva que si lo estuviera. Es un arte elegir, seleccionar, cruzar y ensamblar imágenes, palabras, sensaciones, a ver qué sale de eso. Siempre conseguís "iluminaciones profanas", como aquéllas de las que hablaba Benjamin. Esta intersección me remite a la poesía de Metamorfosis I, que arrasa, desmantela y estoy leyendo encandilada. Besos.

rubén m. dijo...

Un registro en apariencia más convencional de Ballard, pero con una sutileza e ironía magistrales, a mi parecer. Y con ese erotismo demorado -todo erotismo exige la demora, la suspensión- que sólo plasman los que conocen el deseo. Aunque sea el deseo hacia un otro artificial, en este caso o el de Bellmer.

rubén m. dijo...

Mariel:

Gracias por abrir la brecha, escribí mi comentario al par que el tuyo. Aquí en España son las 3:20 A.M.

Me encanta eso de las "iluminaciones profanas" de Benjamin, y tu reflexión sobre la muñeca y el maniquí. Aquí Ballard me arranca una risa interior, una carcajada silenciosa, cuando dice que esa muñeca "era el tipo de mujer que inventan los hombres", y sus irónicas alusiones a la masculinidad herida por el feminismo. La mujer como invento del hombre: un enorme crimen histórico. Muchas mujeres que escribieron se acomodaron a ese invento, incluso algunas de gran capacidad. Pero también hubo escapatorias a esa emboscada: Safo, Juana Inés -a veces-, Dickinson, y en el siglo XX muchísimas, por suerte.

El hecho de que veas conexiones con el fragmento que leíste de mi trabajo me halaga. Hans Bellmer me fsacinó e inquietó desde que lo encontré. Y en cierto modo yo también quería reflexionar sobre la imagen de la mujer, la alienación que supone imponer una creación del objeto de deseo. Imponerlo hasta que el objeto real desaparece y es sustituido por el fantasma.

besos maniquíes

Pucelle aux Petites Manches dijo...

Qué inquietante la muñeca de Hans Bellmer.

Esto que comentáis sobre la mujer alienada y la imagen femenina siempre reconstruida a partir del deseo masculino resulta muy interesante. También lo que el propio Bellmer comentó sobre la obra: "una criatura artificial con múltiples posibilidades anatómicas (...)", con la que se trata de desenmascarar nuestro "inconsciente psíquico" y la "mecánica del deseo"...

No hay duda de la intersección, como tú dices, con Barllard.

En fin, que sigas trayendo entradas tan sugestivas para la inteligencia como ésta.

Un beso,

M.

raúl quinto dijo...

"las relaciones sexuales no son sino el ensamblaje mecánico de dos máquinas arrastradas por la química, que buscan el dominio químico del otro y de sí mismo" "el amor es cosa de maniquíes"...

rubén m. dijo...

Gracias, Martha, se hará lo que buenamente se pueda... La muñeca de Bellmer es muy inquietante, sí. Y su intención, ese desenmascarar "la mecánica del deseo" que citas, le pone muy en contacto con lo que intentó hacer Ballard con su literatura. A propósito de él dijo Burroughs, con bastante acierto, que su obra -en concreto The atrocity exhibition- sacaba a la luz "las raíces no sexuales de la sexualidad humana". El sexo como acto conceptual, o lo que MacLuhan llamaba “hunger to experience everything sexually”, el ansia de experimentarlo todo de manera sexual, la desterritorialización del cuerpo y la búsqueda de zonas erógenas alternativas incluso en los objetos inertes que al fin y al cabo son parte de nuestro paisaje psicosomático. Un tema fascinante.

De quién es la cita, Raúl? También de Bellmer? el dominio químico del otro y de sí mismo, qué terrible idea...

MARIEL MANRIQUE dijo...

El sexo como ejercicio de poder independiente de la criatura sobre quien se ejerza que, en tal contexto, deviene objeto (muñeca o maniquí). El sexo como hambre de bestia. El sexo como acto político de reivindicación de la propia soberanía y del dominio de un cuerpo sobre otro cuerpo reducido, así, a la categoría de "cosa" (maniquí o muñeca). Rubén, tu entrada es un gatillo. Las imágenes de Bellmer me recordaron la serie de fotografías de Cindy Sherman con muñecas, voy a buscarlas para comparar. Gracias por provocar estas múltiples asociaciones. Besos maquínicos.

rubén m. dijo...

Esa serie de Sherman es realmente estimulante, recuerdo que durante un tiempo tuve una de esas fotografías como fondo de pantalla de mi teléfono móvil xD

Y sí que hay una conexión muy fuerte. Besos autómatas.

Stalker dijo...

El tapiz-universo Rubén sigue cobrando fuerza y entereza con sus nuevas y reveladoras hebras.

¿Para cuándo un plato fuerte de Burroughs?

Abrazos biónico-descoyuntados

PD: las fotos me recuerdan los androides andróginos y enmucidos de M. Oshii... en una asociación muy obvia.

rubén m. dijo...

Stalker, esa asociación también me produce un gozoso cortocircuito. Recuerdo con devoción el comienzo de Ghost in the Shell, con la androide emergiendo calmadamente de esa especie de líquido amniótico -y la imagen, emergiendo de los códigos digitales.

Los autómatas siempre me han fascinado, desde Pandora -y aquí Raúl, más bíblico que yo, añadiría a Eva como la primera autómata- hasta Oshii pasando por Hoffmann y Blade Runner. Había un cuento de Villiers de l´Isle Adam donde también aparecía uno, recuerdo que me encantó, pero nada más.

Y vaya, no te imaginaba pidiéndome un plato ardiente de Burroughs. Tomo nota de la sugerencia, quizá una intersección con la adaptación de Cronenberg de "El almuerzo desnudo" (soberbia banda sonora, también, con Ornette Coleman)...

ñam ñam

Portinari dijo...

Serena es un nombre de maniquí! cuántos maniquíes.
Las imágenes son escalofriantes, o yo muy susceptible,... junto con el texto demoledoras, como dice Mariel.
Son la transmutación de Serena, lo que le pudre por dentro, lo que viene tras el acto de repulsa del protagonista. El monstruo. El fantasma hecho híbrido, a medio camino entre realidad y ficción. Esos fantasmas que tenemos a veces por la cabeza... que luego se demoran en las pelusas de nuestra memoria.

rubén m. dijo...

Portinari, no eres tan susceptible o lo eres al mismo nivel que yo: sobre todo la primera foto, ese plano detalle, me da cierto esclofrío. Esa mirada tan humana y desolada.

El nombre completo de la muñeca de Ballard es Serena Cockayne, bastante cómico, en contraste con el tono elegante del relato, jeje...

Me ha encantado lo de las pelusas de nuestra memoria, qué imagen!

besos

Bashevis dijo...

Confeti de vomitos para todos! Buen "ensamblaje"... Bellmer insemina miedos...

Salud.

Stalker dijo...

Querido Rubén:

uno de mis libros de cabecera, aparte de "El almuerzo desnudo" fue "Nova Exprés", así que no me apartaré y recibiré a la bala-Bourroughs sin moverme...

~PakKaramu~ dijo...

Pak Karamu reading and visit your blog

Susana dijo...

Me sumo al "demoledor" de Mariel. Ese acercamiento a las imperfecciones (y, por tanto, a las humanidades) de Serena es muy impactante. Las cicatrices, los lunares, cómo se transparenta su tejido circulatorio... pero también lo anticuado de su maquillaje, su silencio, sus hombros con demasiado peso en las espaldas... Las fotos inquietan por esas actitudes que reconocemos en ellas cuando más sentimos. Y al tiempo que se humanizan esas "cosas" antropomórficas, nosotros nos robotizamos. ¿Debe de ser ésa la causa de que le hayas dado, entre otras, la etiqueta "terror"?

Impresionante. Gracias.

Stalker dijo...

Parece que PakKamaru nos ha dejado a todos el mismo mensaje, qué simpático...

Susana dijo...

Pak Kamaru, desde Malasia, nos ha entrado esta madrugada, Stalker, sí. Debe andar aprendiendo español? Pues nada, sírvete Pak, que mejor español que éste no vas a encontrar...

rubén m. dijo...

Sí, Susana, esa es la causa de ese "terror". Decía Donna Haraway que cuánto más vivas parecen las máquinas que nos rodean, más inertes parecemos nosotros. Al igual que a ti, me llama mucho la atención la descripción tan meticulosa de la piel de la muñeca y sus imperfecciones -¡tan humanas!-, hay una mezcla de erotismo y terror que me deja muy inquieto.

Y bienvenida sea la intrusión de Pak Kamaru, claro.

Susana dijo...

Pak Kamaru es casi como un lunar en la piel inquietante del androide, que una imagina de textura casi lunar...

Un abrazo

MARIEL MANRIQUE dijo...

Rubén, me imagino las expresiones de los presentes cuando veían la pantalla de tu teléfono móvil ... Agitador de conciencias hasta en los más mínimos gestos de la vida cotidiana y mezclando en esos gestos todo lo que amás y te perturba ... Se me ocurre que esta es la definición de "hombre sensible".

rubén m. dijo...

Nunca se me había ocurrido una definición así de "hombre sensible", pero es un piropazo, gracias Mariel :D

Ahora tengo en la pantallita un fotograma del "Crash" de Cronenberg en el que se ven las piernas largas y con prótesis de Rosana Arquette. Como ésta pero en color:

http://4.bp.blogspot.com/_GD9yXovfGDM/Rrz6ENHxBmI/AAAAAAAAACM/j-PsaYp6Xm8/s400/crashcronenberg.jpg

Portinari dijo...

Me alegra que te encanten las pelusas Rubén, a mí me tienen horas fascinada; a saber.

Menuda foto te gastas en la pantallita del móvil eh? nada más digas que son prótesis mantén la cámara a mano para hacerles fotos a las caras de los amigotes, luego pásales el texto a ver qué tal les va con las prótesis...

MARIEL MANRIQUE dijo...

Rubén, como de Ballard no leí jamás nada completo, salí hoy a caminar y me fui derechito a una de las librerías en Buenos Aires que tiene libros en inglés. Andaba perturbada con la transparencia del tejido circulatorio de Serena de la que habla Susana. Pensaba preguntarte con qué empezar pero estaba ahí y dejé que el flujo de los acontecimientos gobernara. Y resulta que el primer libro de Ballard que veo es "The atrocity exhibition", que incluye como bonus track ... "The Smile". Serena Cockayne ya duerme en casa (¿podré dormir yo con ella al lado?). Gracias por presentármela. Besos cockaynómanos.

rubén m. dijo...

Portinari, no sería mala idea sacarles una foto a la cara de la gente cuando ven la imagen de la pantalla, no xD

Meriel, vaya suerte, eso es todo una señal! Espero que disfrutes de "La sonrisa" y "The atrocity exhibition", éste es su libro más experimental y radical, pero a una mirada aguerrida como la tuya no le va a asustar, estoy segura. Encantado de ser tu Virgilio en el universo ballardiano.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Sí, sí, serás mi Virgilio y compartiré con vos mi inmersión en los círculos ballardianos y pediré tu soga para que me rescates si me pierdo en ellos.