jueves, 18 de junio de 2009

sans titre (homenaje a blanchot)


(1)

Haz de manera que yo pueda hablarte, que mi llegada a ti no cese nunca, recorrer el camino que nos llegue a donde estamos. Aprehender la asimetría de tu rostro, la extrema y cruel frontera que es un rostro, cualquier rostro. A medida que el tuyo se iba desintegrando, iba cobrando ausencia, se llevaba consigo parte de mi aliento. Pero si mirase hacia atrás, si violara la inminencia de ese habla que no llega, no te vería a ti: tan sólo a una presencia incestuosa. 

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(2)

Al mencionar aquello, su decir se deslizaba suavemente hacia el dolor, o acaso se elevaba en un tono como para indicar que lo impenetrable había retrocedido más aún. 

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(3)

Había una palabra que tú podías decir. Decirla suponía expulsarme del lenguaje, abocarme a vagar fuera de él, a vadear en círculo un interminable afuera. No encontrarás los límites del olvido, por más lejos que quieras olvidar. Pero en la inmediatez de esa palabra, en su estrecho secreto, había espacio para ambos: dos cuerpos separados, que sólo se escuchaban friccionar sus límites; dos lenguajes, trabados en la furia del orgasmo.

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(4)

Ella nunca era soñada por él. Él nunca era soñado por ella. Ambos solamente eran soñados por aquél que hubieran querido ser el uno para el otro.

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(5)

Quisiera que me ames con aquello que es impasible e insensible en ti, con lo que en ti se hermana al frío de la tierra y la ceguera de la luz. Penetrarte, entrar en ti con aquello que en mí es concavidad, vacío, invaginación. Dos hablas estrechamente apretadas una contra otra, como dos cuerpos vivos, pero de indecisos límites. Había un gesto que yo podía hacer: aproximar a tu corazón mi mano y nombrar entre mis dedos la fisura de un latido, una respiración. Pero sólo la palabra mano se acercaba a tu pecho.

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(6)

Mantener esa mirada con la calma, la suprema negligencia de quien sostiene un mundo. Como si todo lo que el uno del otro no sabían pudiera traspasarse sin palabras. Le pas au-delà, el no más allá, el paso más allá, estaba a un milímetro, una vida.

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(7)

“¿Cómo haremos para desaparecer?” - me hubieras preguntado, y la respuesta se alejaba más aún en la deriva de las posibilidades.  “Lo que te queda por hacer: deshacerte en esa nada que tú haces".

Pero mientras, en la proximidad del tacto y del presente, antes de que se disuelvan en ausencia de futuro o de pasado, ahora que los muertos resucitan moribundos, justo ahora: haz de manera que yo pueda hablarte.

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(Maurice Blanchot, 1907-2003)

24 comentarios:

rubén m. dijo...

Las frases en cursiva pertenecen a los siguientes libros de Maurice Blanchot: "La attente le oubli", "El último hombre", "El espacio literario" y "Le pas au-delà". El resto es mío y aunque no tiene mucho que ver con lo que hago normalmente, es más personal de lo habitual en mí, mezclando diferentes secuencias de recuerdos y emociones. Así que ha sido un experimento agradable.

Un gallifante para el primero que me diga a qué película pertenece el fotograma que encabeza la entrada ;)

buenas noches

raúl quinto dijo...

la peli es persona?

Pucelle aux Petites Manches dijo...

¿¿Inteligencia Artificial?? (la peli)

El texto me ha encantado. Y hoy estoy todavía menos lisonjera de lo habitual, que conste. Me ha encantado de verdad.

La Eurídice nocturna que es preciso perder para encontrar la "voix" y la "voie" del Poeta... Genial, Blanchot.

Un saludo desde Madrid,

Martha

Pucelle aux Petites Manches dijo...

Vale, veo que no fui la primera, jeje
En fin, qué se le va a hacer, em quedo sin gallifante :)

rubén m. dijo...

Sí, es "Persona", Raúl, pero tendrás que compartir el gallifante con Stalker, que me lo ha dicho por messenger...

Martha, me safisface que te haya encantado, y más si hoy estás poco lisonjera. Además veo que has entrado muy bien en él: esa Eurídice nocturna está aquí. Blanchot puede ser muy difícil, pero una vez que uno comprende ese movimiento de cuello de Orfeo todo se vuelve mucho más claro.

un abrazo

raúl quinto dijo...

debes especificar más las reglas... yo no quiero compartir mi gallifante porque.. ¿qué parte me correspondería? ¿la del elefante o la de la gallina?

rubén m. dijo...

La parte del elefante es Maurice Martín y la de la gallina Rubén Blanchot; elige tú mismo...

Stalker dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Stalker dijo...

Un texto que masticar lento y con cuidado, porque tiene espinas, y proceden del singular injerto Rubén-Blanchot, lo que en ciertas zonas del sur se conoce como un "pishabrava" intelectual.

Me gusta cómo Rubén explora la incomunicación, traducida en el balbuceo de los cuerpos que se cercan, se agreden, se vigilan y se escamotean en el paradójico asedio. Taxonomía de cuerpos que se repelen, ontología del desencuentro; iconografía oblicua, crepuscular, del no estar.

Este momento me parece especialmente brillante:

"Había un gesto que yo podía hacer: aproximar a tu corazón mi mano y nombrar entre mis dedos la fisura de un latido, una respiración. Pero sólo la palabra mano se acercaba a tu pecho".

Sólo se acerca el verbo, y eso que Rubén sabe que el habla es otro simulacro y que las palabras no harán al otro más poroso, a no ser que las declinemos desde el temblor (inevitablemente, una vez más). Así nos inunda el agua oscura, la imposibilidad de la designación. Poíesis, némesis, pagado el óbolo y más allá de los ínferos.

Chicos: hablar de gallifantes es un grado. Eso es una marca generacional nuestra, los que rondamos los treinta, año más año menos. En el gallifante nos reconocemos: nostálgica promesa de redención. Raúl, te dejo el gallifante para que lo luzcas en tu blasón y me quedo con el texto rubén-blanchotiano, es decir, el texto Pishabrava. Ahí es nada.

Salud

raúl quinto dijo...

ok, me quedo yo con el gallifante, lo encerraré en mi harén para poder sodomizarlo a placer, gracias por la generosidad.


en cuanto al texto, la verdad es que tiene tensión y profundidad de calado, vamos, que he tirado la piedra y aún no ha llegado al fondo. Me gusta, el injerto es favorable al paciente. y qué quieres que te diga, me recuerda poderosamente a los fragmentos en prosa de tu Radiografía del temblor (libro que desde aquí conmino a que se lea ;)

MARIEL MANRIQUE dijo...

Rubén, qué exquisito diálogo con Blanchot y apropiación de su escritura para la generación de un nuevo texto. Estás ejecutando lo que de ahora en más pasaré a denominar "Operación Blanchot": usar a Blanchot para ejecutar la misma operación que tu texto describe (tu texto engarzado y montado en Blanchot): intentar penetrarlo. Para mí lograste "poner en acto" lo que el texto dice (como cuando Deleuze habla del "rizoma" escribiendo en modo rizomático).

Es tan bella la elección del fotograma de Persona y que el fotograma sea de ese film, que habla de la palabra y el silencio y la posibilidad e imposibilidad de comunicación entre las personas.

Me encantó el "color" (en sentido literal) azulado del texto, que parece flotar en la noche del fondo negro.

Es un poema en prosa.

La primera parte me recordó un fragmento de "El Cielo Protector", de Bowles: cuando el otro se va, una parte de uno mismo se va con ese otro. Es como si el otro se llevara una de nuestras piernas o nuestros brazos. Y, sin embargo, nunca podremos "entrar" en el otro, excepto en la efímera comunión del sexo. El rostro es la frontera que no puede traspasarse.

Lo que te conduce naturalmente a esa tercera parte donde está claro que a la "caja negra" del otro no accederemos jamás y que siempre, en lo más íntimo, estaremos solos. Y a la cuarta parte, donde el amor nos hace sentir mejores y más altos de lo que somos (me vino a la memoria un poema de e.e.cummings sobre esto y el tema "Perfect Day", de Lou Reed - "hiciste que me olvidara de mí mismo, me hiciste sentir alguien bueno") y el diálogo amoroso se entabla en verdad entre dos seres ideales que momentáneamente olvidan sus taras y miserias.

Coincido con Stalker en la belleza de la quinta parte: solo el lenguaje nos permite acercarnos y es el propio lenguaje el que simultáneamente nos aleja. Va tan bien (tan de la "mano") con el fotograma entrañable que elegiste ...

A veces detrás de la mano que se apoya en el pecho va el brazo y el hombro y las tripas y el alma. "¿De qué hablamos cuando hablamos de amor"?, se pregunta en un cuento Raymond Carver. De no poder concebir vivir en un mundo donde el otro no esté, donde ya ni siquiera podamos apoyar la mano en su pecho.

Gracias por tu pase de magia.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Me olvidaba: los gallifantes no han tenido la dicha de circular por Buenos Aires. ¡Pero cómo me gustaría leer un cuento titulado "Cómo sodomizar a un gallifante"!

rubén m. dijo...

Stalker & Raúl:

Gracias por leerme. El concepto de "pishabrava intelectual" me ha dejado anonadado, lo aplicaré con frecuencia a partir de ahora. Me complace que hayáis visto en él "profundidad" y "espinas", y veo que los dos habéis notado una analogía con "Radiografía del temblor". Blanchot influyó decisivamente en uno de los momentos más importantes de la escritura de este libro, cuando había que cerrarlo y crear ese narrador aséptico de los textos en prosa, y su pensamiento se extendió como un virus por todo el poemario. Al volver a leerlo este fin de semana, no he podido evitar hacer este injerto mutuo a modo de agradecimiento.

Hay una semejanza patente con los textos en prosa de "Radiografía...", como dices, Raúl. De hecho este escrito podría encajar como una addenda al libro. Pero es curioso: mientras en aquellos poemas en prosa se describían situaciones muy ficcionales, éste es sin duda el escrito más autobiográfico que he hecho nunca. Todos los fragmentos los identifico claramente con momentos que he vivido, hace mucho o poco tiempo, de una manera que a veces es muy explícita pero probablemente sólo yo pueda ver esa conexión. Por eso ha sido muy fructífero ponerse la máscara de Maurice el Oscuro, y sacar de una manera oblícua esas pequeñas obsesiones y recerdos.

abrazos!

ana dijo...

Donde más aprendí, donde me imposibilite, posibilite, me deshice y surgi, fue con un otro, frente a un otro. Y esa vivencia que se genera entre el yo, el otro y el lenguaje está en estos textos que tú has traído. Cómo no reconocerse.

Mi relación con Blanchot es muy particular, es una relación esencialmente indirecta, en el sentido de que yo aún no he leído nada de él, pero hay alguien junto a mí que lo ha leído, buscado, indagado, de tal manera que me han hablado de Blanchot en muchos lugares y momentos: en la calle, en los bares, antes de dormir (era un bonito cuento para antes de dormir), en el supermercado. Podemos decir que mi contacto y vivencia con la alteridad incluía pequeñas exposiciones sobre el pensamiento de Blanchot, de tal forma que mi experiencia con la alteridad en ciertos momentos era una metaexperiencia.

Un beso.

p.d- No sabía que era un gallifonte, así que lo he buscado en imágenes google: quedará bien en el harén de Raúl :)

p.d.2- Una curiosidad, ¿cuál es la fecha de composición de estos textos?

Portinari dijo...

Qué bonito todo, sin ir más lejos, porque tampoco hace falta.

Los fragmentos en cursiva de Blanchot son fulgurantes en sí mismos, y tu texto en ellos, el bastón del ciego.

"Haz de manera que yo pueda hablarte, que mi llegada a ti no cese nunca, recorrer el camino que nos llegue a donde estamos. Aprehender la asimetría de tu rostro, la extrema y cruel frontera que es un rostro, cualquier rostro."
La distancia que se imprime de los perfiles.

"No encontrarás los límites del olvido, por más lejos que quieras olvidar. Pero en la inmediatez de esa palabra, en su estrecho secreto, había espacio para ambos: dos cuerpos separados, que sólo se escuchaban friccionar sus límites; dos lenguajes, trabados en la furia del orgasmo..."
El límite de lo ilimitado en el olvido, donde se entra en conjunción; qué idea.

"Había un gesto que yo podía hacer: aproximar a tu corazón mi mano y nombrar entre mis dedos la fisura de un latido, una respiración. Pero sólo la palabra mano se acercaba a tu pecho."
La potencia que emana el acto de acercar el verbo a la idea. Los perfiles.

"“¿Cómo haremos para desaparecer?” - me hubieras preguntado, y la respuesta se alejaba más aún en la deriva de las posibilidades. “Lo que te queda por hacer: deshacerte en esa nada que tú haces". Pero mientras, en la proximidad del tacto y del presente, antes de que se disuelvan en ausencia de futuro o de pasado, ahora que los muertos resucitan moribundos, justo ahora: haz de manera que yo pueda hablarte..."

La primera respuesta está en la nada; sin embargo, hablarte es como articularte en la palabra y es con lo que uno vive y se conforma.

rubén m. dijo...

Mariel:

Gracias por tu generoso y agudo, como siempre, análisis. Me encantan además las analogías que has trazado (desde Lou Reed a Deleuze, pasando por Paul Bowles!) y el concepto de Operación Blanchot, jajaja.

Las dos imágenes las he tenido muy en cuenta durante la escritura: por un lado la fotografía ajada -casi un daguerrotipo- de Blanchot, con esa mirada extraterrestre y esa expresión neutra, tan encarnada en su obra; y por otro el fotograma de "Persona", que no he dejado de mirar entre frase y frase. Curiosamente eso de "aprehender la asimetría de tu rostro" lo escribí antes de elegir esta imagen, y si os fijáis, el rostro borroso al que se acerca la mano del niño es imposible y asimétrico (fijaos en las aletas de la nariz).

Últimamente andaba obsesionado con los rostros y el olvido: pensando en por qué hay rostros de personas a las que quiero o he querido que se me difuminan, mientras que otros menos importantes las evoco sin problemas.

Y cómo dices, junto a Stalker, las palabras nos acercan y nos alejan a la vez, el habla es un acto fantasmal, aunque a veces dos lenguajes puedan estar tan estrechamente unidos "como dos cuerpos vivos, pero de indecisos límites", y ahí encontremos el placer y la revelación.

besos!

rubén m. dijo...

Ana:

Qué bien que te hayas reconocido. Tiene que ser curiosa esa relación mediada con Blanchot. Creo que, aún leyéndole directamente, sólo se puede tener una relación indirecta con él. Es un escritor que se desliza, que resulta inaprehensible -y muchísimas veces directamente incomprensible-, pero de esa falla que sientes al leerlo surgen ideas y posibilidades totalmente imprevistas. No me extraña que lo admiraran tanto Levinas, Foucault, Lacan, Derrida...

Estos textos han sido todos compuestos desde este viernes pasado, donde empecé a tomar notas, y los concluí anoche de madrugada.

un beso

MARIEL MANRIQUE dijo...

Me rindo ante la síntesis de Portinari: tu escritura enhebrando la de Blanchot "es el bastón del ciego". Sin palabras.

MARIEL MANRIQUE dijo...

¿Porque recordamos algunos rostros y no otros? No sé, quizás porque recordar duele.

rubén m. dijo...

Portinari:

Muchas gracias por tu lectura tan detallada! es un placer convocar gente tan maja.

Es cierto que las frases en cursiva de Blanchot son deslumbrantes, creo que si el texto tiene algún mérito es de crear un ámbito para que destellen como tiene que ser.

Me ha gustado como has leído, particularmente, el último párrafo. Creo que en esa resignación, esa insistencia en el habla -pese a la conciencia de que puede ser nada- hay algo de vitalidad primigenia. Comunicarse, hablar, como sea, pese a que el rostro de la insatisfacción asome por todas partes.

un abrazo

P.D.: Mariel, hay rostros que duelen recordar y esos sí es normal que se borren, pero a mí a veces se me difuminan rostros muy cercanos, de gente en la que piensas con frecuencia. A veces me asusta.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Rubén, estuve paseando por tu casa. Todas las salas están iluminadas y me voy a tomar mi tiempo para ir paladeando cada noche tus bellísimos cruces. Tus intersecciones, tus citas, tus traducciones, tus Operaciones Blanchot ... ¡pero quiero leer también un poema tuyo, si la casa se lo permite!

Estoy pensando por qué será que se te difuminan los rostros cercanos, es raro. A mí me pasa algo semejante quizá, tengo más claro el rostro de mi padre, que hace años que me falta, que el de mi compañero, con el que transcurro cada día. ¿Será que el acercamiento excesivo nubla y difumina los rasgos? ¿Como cuando te acercás mucho a una pintura realista y empieza convertirse en una pintura abstracta? ¿Será que uno hace esfuerzos, hasta inconscientes, para que no se borren los rostros que amó y perdió y no recurre a la memoria con los rostros que lo rodean, porque no es necesaria? ... Sigo pensando ...

rubén m. dijo...

Brillante la analogía con la pintura abstracta: quizá con tu compañero hayas roto esa "extrema y cruel frontera" que es el rostro según Blanchot...

No tengo aquí disponibles mis poemas, pero el lunes te mando por mail alguna cosa. Gracias por tu interés!

Anónimo dijo...

!RUBEN ERES GENIAL! EN LA SENDA DE RAUL AY ALGO DE PESIMISMO QUEJUNBROSO PERO TAMBIEN UNA LUZ DE ESPERANZA! ASI VEO LO TEXTOS ESCOGIDOS! MI CORREO:adolfobelmonted@yahoo.es
movil678620757-besos adolfo

rubén m. dijo...

Adolfo, muchas gracias! me alegro de que te hayan gustado estos textos, aunque el que tiene más mérito es monsieur Blanchot... Te haré a ti también el pequeño envío.

abrazos