martes, 14 de diciembre de 2010

lo inmortal

12 comentarios:

rubén m. dijo...

La incredulidad que me causa que haya muerto Enrique Morente tiene dos caras. Una es esa sensación que provocan ciertas personas y ciertas leyendas vivas (él era ambas cosas) de que siempre van a estar aquí, físicamente; uno convive con su existencia y no asume fácilmente haber sobrevivido a ellas. La otra es menos común: Morente no se ha ido porque ya pertenecía a la inmortalidad, la habitaba con una tranquilidad pasmosa. No fui amigo suyo pero sí amigo de sus amigos. Compartí mesa y copa con él, apenas crucé un apretón de manos; parecía la persona más tímida y humilde del mundo, aunque bajo sus palabras en voz baja y casi trastabillantes se dejaba ver el brillo de la inteligencia, el humor y la cultura.

He escrito lo de la inmortalidad siendo consciente del tópico. Pero no se trata de eso. La última vez que lo vi fue subido a un escenario, este verano. No soy un entendido del flamenco, apenas sé distinguir un par de palos, aunque haya escuchado discos y asistido a conciertos. La sensación que tuve era algo insólito que quizá no vuelva a sentir. Pensé: no he visto tocar a Miles Davis, pero he visto cantar a Enrique Morente. He tenido la suerte de ver en acción a músicos que han influido mucho más en mi trayectoria vital, pero esa sensación no la he tenido con ellos. Esa atemporalidad, que no se basa en lo inmutable sino en el movimiento perpetuo, tan desconcertantemente rápido que se confunde con la pura estabilidad, con el estar-ahí más firme. Morente estaba ya fuera del tiempo. A la vez, sus gestos y sus palabras, entre los arranques de esa voz gigantesca, eran los del hombre pequeño con el que había coincidido una noche. Los mismos que ahora reconozco en algunos instantes de este vídeo, entre el asombro de esa música que crece y se defiende a dentelladas.

PÁJARO DE CHINA dijo...

un texto que es una vibración, exquisita y, también, una dentellada de vida. no hubieran debido publicar obituarios, sino tu celebración. te abrazo muy fuerte.

PÁJARO DE CHINA dijo...

p.s.: subirse a cantar con sonic youth es una prueba de su capacidad de desmayar los límites.

Stalker dijo...

Transmiten temblor y vida tus palabras, Rubén, vida intensa en esta muerte,

un abrazo fuerte

ana dijo...

Hace unas semanas murió Gorecki.

raúl quinto dijo...

rubén,

me sumo al luto luminoso, a la certeza del hombre que aparecía en chándal a hurtadillas para regalarse una noche de copas y conversaciones en el filo de la normalidad. Es curioso, pero yo hasta hoy que he visto su cara en la portada de El País no era consciente de lo importante que era Morente para tanta gente, pensaba que era uno de esos secretos íntimos que uno guarda casi clandestinos, como las cientos de horas que pasé escuchando Omega, y que me transformaron, y me hicieron comprender la poesía y sus posibilidades infinitas de otra forma. Pensaba que era algo mínusculo y secreto, y no, su huella estaba ahí por encima del mundo, trascendiendo en miles de corazones distintos, trasgrediéndolos. Ha muerto un genio, y no es tópico, porque genio es aquel que se atreve a abrir las puertas que la mayoría ni se imagina siquiera que existen.

En fin, me acuerdo ahora de aquellas mesas de la esquina en la Tertulia, imagino que las copas también llorarán su pena.


un abrazo.

rubén m. dijo...

Mariel,

gracias por tus generosas palabras; con las mías solo trataba explicar con honestidad mis sensaciones. Podría haber puesto algún tema más "mítico" pero al ver este vídeo me ha impresionado esa báscula entre el Morente persona -qué gran momento, cuando mira a Kim Gordon y asiente con la cabeza- y el Morente músico, y por supuesto ese riesgo continuo al que aludes y que hizo de él un revolucionario. La comparación con Miles, aunque me viniera tal que así en ese concierto, no anda tan desencaminada ni tiene nada de hipérbole.

Te abrazo con fuerza a ti también :)

rubén m. dijo...

Stalker,

no podrían trasmitir otra cosa, por suerte. Gracias por tu abrazo y tu parte de vida.... por cierto, vaya dos entradas que acabas de soltar en tu blog, me descuido un día y me quedo a traspié. A ver si acaba esta puta semana y parte de la siguiente, o encuentro un hueco insomne e imprudente de los míos.

un abrazo

rubén m. dijo...

Ana,

no sólo no sabía que Gorecki había muerto (aunque al leerte he tenido un dejà-lu, quizá lo leí o escuché y pensé que era un sueño) sino que no sabía que aún estaba vivo. Descanse en paz quien nos ha dado tales maravillas. Me ha dado cierta pena meterme en tu perfil de blogger y verlo tan desierto, se echa de menos a la Ana que necesitaba expresarse así, aunque siempre he sido consciente de la importancia del cambio en ti y sé que estás muy ocupada... pronto nos veremos espero.

un abrazo

rubén m. dijo...

Raúl,

qué recuerdos tan inevitables... yo también he pensado mucho en la mesa uno de La Tertulia, y aquel chandal. No me extraña que aquel "Omega" te impresionara tanto e abriera como dices tu concepción de las posiblidades de la poesía. Morente es un ejemplo para cualquier artista, un explorador y alguien que no tiene miedo a la transgresión -en un ámbito musical muy dado al yihadismo, además. Él supo callar todas esas voces fanáticas a golpe de incontestable emoción y conocimiento. Coincido por completo en que hablar de genio en este caso no es un tópico, pocos artistas han hecho revolucionar un género a los niveles de este hombre.

un gran abrazo

Anónimo dijo...

RUBEN YO TUVE LA MISMA SENSACION QUE TU HAS DESCRITO LO VI EN 5 OCASIONES Y LAS DOS ULIMAS BASTANTE RECIENTES EN VERANO DE ESTE AÑO UNA DE ELLAS CLAUSURANDO COSMOPOETICA 2010.ME EMOCIONA RUBEN QUE RAUL Y TU, HAYAIS DADO ASI INTUITIVAMENTR LAS CLAVES DEL ARTISTA Y LO QUE ES MEJOR DE SU ARTE PRQUE MORENTE ERA ESO FUERZA Y SABIDURIA.
GRANDIOSO TEXTO HERMANO
ADOLFO

rubén m. dijo...

Adolfo,

me gusta haber compartido esa sensación contigo. Era un talento descomunal y lo poco que conocí de él como persona -y lo mucho que me han hablado de él- permite intuir por qué era tan querido por todos, una persona cordial y pese a su timidez no exenta de cierto orgullo lúcido. Al menos queda el consuelo de que no ha sufrido extinguiéndose despacio...

un abrazo