martes, 20 de octubre de 2009

intersecciones: dolor, inmovilidad



Dime lo que he de hacer. Las palabras
se agolpan. Dime algo, dices, dice
él. A mí, me parece
que no dejo de hablar. No obstante,
cuando lo intento -dime, dice-, oigo
como un gemido, tan sólo un gemido
que arrastra el llanto.

Dime lo que he de hacer. Llévame a
donde me digan lo que he de
hacer. Sus ojos. Tus ojos -¿tus?- sí,
cálidos ojos-lago, ojos-aquí.
Aquí, como los niños
y los idiotas. Por eso tus ojos,
para quedarme. Para
seguir aquí. Para aguardar
aquí. ¿Aguardar qué? No importa.
Para aguardar.

Ni dentro ni en superficie.
Aquí donde los niños
y los pobres de mente. Un aquí
que se prolonga en tus ojos, sus ojos,
para poder quedarme.
Dime lo que he de hacer.
Escribo porque tal vez no hablo.
No me sueltes.


(Chantal Maillard, Hilos)



***



concebir el dolor como un campo que, en el orden de la existencia, se abre precisamente en el límite en el que el ser no tiene posibilidad de moverse.


(Jacques Lacan, Seminario VII)















20 comentarios:

raúl quinto dijo...

el poema de Maillard es tremendo, de los mejores de Hilos, y la cita de Lacan es muy elocuente. ¿De quién es el cuadro rothkiano que acompaña? me parece que esa abstracción habla también de la herida, del arañazo en carne viva dentro del sentido, dentro del propio símbolo...

Stalker dijo...

Rubén:

me permito el atrevimiento de traerte un extra a esta entrada, el poema leído por la propia autora. Creo que introduce un temblor, una tensión arrítmica, de lo más intresante:

http://www.goear.com/listen/0eecff8/Aquí-chantal-maillard

Si te animas puedes incrustarlo.

Éste es uno de mis poemas favoritos de todos los tiempos. Está escrito con mucha sencillez, y a la vez tiene una arquitectura muy elaborada, desenfocada, con aristas, más de lo que puede parecer a simple vista. Su potencia me parece devastadora, un poema así ya justifica un libro, quizá una vida. Al menos así lo siento. En los momentos de mayor sufrimiento pido que me pongan contra el paredón y me fusilen con palabras como éstas, desalojadas de lastre, irrestañables, palabras que dan cuenta del común desamparo y nos salvan ante la inminencia del desastre.

Me enternece, también, la alusión a la figura del inocente, que junto a los animales son obsesiones que pueblan la cartografía emocional de la obra de Maillard.

Abrazos

Stalker dijo...

PD:

Rubén, seguro que te ríes un rato con esto, ya se lo he pasado a Raúl:

http://davidmurders.wordpress.com/

Es de la semana de poesía de Bilbao. También tiene que ver con tu entrada.

salve...

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

me he quedado rota

Portinari dijo...

Este es un poema de Maillard que rompe, pero creo que hace más labor una vez se escucha (gracias Stalker por pasármelo).
La voz de Maillard es rotura, forma grietas, intersecciones, une, a la vez.
Podría coger partes del poema que me gusten, que me parezcan particulares, yo no soy a abarcarlo, y mucho menos a descuarticarlo. Él nos decuartiza a anosotros.

El ser no puede moverse e el dolor, según Lacan; interesante. Lo pensaré.

Abracillo.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Quedarse en los ojos de los inocentes. Que esos ojos te digan qué hacer. Que te impidan caer cuando tu lengua está rota. Que te asistan en la reconstrucción.

Una entrada que es un disparo y una esperanza, Rubén.

rubén m. dijo...

Raúl,

el cuadro es del mismo Rothko, mural Seagram. El Rothko final es la inmovilidad y el dolor, el pasmo ante la herida, como tú también has visto.

En cuanto a la cita, nos haría falta que hablase aquí Jacquesneto, el único ser humano capaz de glosar uno por uno los seminarios de Lacan sin despeinarse las patillas...

rubén m. dijo...

Stalker,

bendito sea tu atrevimiento, mientras escribo esto escucho la voz entrecortada, frágil pero controlada, de Maillard, y cuando termine de contestaros incrustaré el audio, muchas gracias por esta contribución.

El poema es extraordinario, desde luego, su sencillez aparece sólo en la desnudez de ciertas frases, de su final, pero emocionalmente lo que describe es de una complejidad tremenda. Espero poder escucharla y verla algún día en directo, no volver a perderme esa oportunidad: la crónica del festival de Bilbao también me hace desearlo (qué bueno lo de Benjamín Prado, jeje).

Tenía la idea de postear, para esta entrada, un fragmento de "Husos", pero se me olvidó el libro en casa; intenté encontrar el fragmento en internet y no lo conseguí, pero al introducir en google "chantal maillard" y "como un felino" topé con este poema que expresa muchísimo mejor lo que quería decir. Benditas sean también estas casualidades.

abrazos

rubén m. dijo...

Esther,

el poema descuartiza, como dice Portinari, esta entrada creo que duele un poco, pero hay que recomponerse, espero que te recompongas muy bien y fortalecida.

rubén m. dijo...

Portinari,

para mí esa frase de Lacan dialoga con el cuadro y el poema como si hubiera túneles entre estas tres cosas y pasara un viento subterráneo por ellos. Con la voz de la autora supongo que surgirá una grieta más, u otro boquete en la realidad.

abracito a ti también

rubén m. dijo...

Mariel,

los ojos de los inocentes. Como ha notado también Stalker, esa mirada a la inocencia radical es una constante en Maillard, quizá comparte esa atracción con Lispector -en ella, los animales, las piedras incluso-, aunque de otro modo.

El disparo lo siento, la esperanza por desgracia un poco menos, pero tus palabras subrayan una ternura que también está en el poema, no sólo el dolor y la inmovilidad.

abrazos

Arturo Borra dijo...

Rubén, la cita de Lacan es más que pertinente. El dolor es fijación en la atemporalidad del inconsciente. Esa inmovilidad del ser duele incluso a quien la percibe, en la medida misma en que haya detención. Algunos hilos, como los de Ch.M. –muy concurrida en estos días, lo cual me parece muy bien, a condición de que no sea algo transitorio- también duelen en su dolor. Y piden “no me sueltes”. No al lector, al que tiene quizás cogido por el hilo de la compasión en el sentido que ella da al término. No es al lector: es a quien le escribe porque no le puede hablar, a pesar de hablar. A quien le escribe porque necesita que ese otro le diga algo, aunque haya un dolor indecible en medio y una mirada que rescata.
Hermoso e hiriente…
Un abrazo,
Arturo

Stalker dijo...

Querido Rubén:

dices:

"pero al introducir en google "chantal maillard" y "como un felino" topé con este poema"

¿Cómo te dio por hacer una búsqueda introduciendo su nombre y lo del felino?

Me ha maravillado esto, me parece muy poético que "googlees" así.

Las reflexiones de Arturo siempre me sedimentan. Dejo de fluctuar y empiezo a percibir líneas de fuerza, cada vez que se expresa. Admiro mucho la manera de pensar, tan precisa y bien urdida, de Arturo Borra. Es un lujo cuando asoma, siempre.

rubén m. dijo...

Arturo,

como bien dice Stalker tus comentarios son un generoso derroche de ideas. "El dolor tiene un elemento en blanco / que no puede recordar", escribió Emily Dickinson, y tiene su propio pasado ("its past"), una temporalidad distinta que deforma los recuerdos, o mejor dicho tiene sus propios recuerdos, que desaparecen cuando el dolor desaparece. Creo que Freud tuvo una de sus más poderosas intuiciones cuando insistió en que el inconsciente es atemporal. Como señalas la interpelación en este poema es terrible, pues se habla a alguien que no sólo no puede responder, sino que ni siquiera puede ser hablado. Construir el espacio de esa compasión sin caer en el patetismo es, a mi juicio, uno de los mayores logros de este poema, algo heroico que sólo consiguen los mejores.

un abrazo

rubén m. dijo...

Mi buen Stalker,

la explicación es algo más prosaica (o no...). El fragmento de "Husos" que quería encontrar contenía ese sintagma, "como un felino". Al leerlo recordé a una persona importante a la que echo de menos, que una vez me dijo algo sobre los gatos y yo. Al ver que no lo encontraba en google quité las comillas y traté de dejarme llevar por lo que pudiera encontrar en esa dirección, la intersección chantal/felino, y afortunadamente encontré este poema, que no habla de gatos (¿no? ¿habla?, que apostillaría Chantal...) pero sí de lo que necesitaba hablar :)

un abrazo

ana dijo...

Es difícil desvincularse si no imposible. Chantal no se desvinculó al escribir y yo no puedo desvincularme al leer este poema.

Tengo al gato durmiendo cerca y lo he acariciado largo rato después de leer el poema otra vez hoy –ayer lo leí varias veces.

rubén m. dijo...

Ana,

me alegra verte por aquí. El poema nos vincula al dolor, a su dolor y al nuestro, supongo, cada dolor privado.

El vínculo del gato y el poema era algo más difuso, pero al final ha salido a la luz. Qué lástima que uno no pueda parecerse a un gato en su independencia, su amoral capacidad de recibir afecto sin sentir después su pérdida... Misteriosas criaturas los gatos, ¿no?

un abrazo fuerte

Anónimo dijo...

Yeah

rubén m. dijo...

Un yeah a tiempo nunca viene mal, incluso a destiempo me gusta...

Anónimo dijo...

Fuckin' yeah