jueves, 13 de agosto de 2009

el dolor según villiers de l´isle adam




(Imagen: Vasilii Kandinski, 1903)




Lucille -respondió el conde-, conocí a cierto cantante que, ante el lecho de muerte de su prometida y al escuchar cómo la hermana de ella se deshacía en sollozos convulsos, no podía dejar de constatar, a pesar de su aflicción, los defectos de emisión vocal remarcables en aquellos sollozos, y de pensar vagamente en los ejercicios que serían necesarios para darles "más cuerpo". ¿Os parece mal? Sin embargo, nuestro cantante murió a causa de esta separación y la superviviente dejó el luto el mismo día en que la costumbre lo permite.




(Villiers de l´Isle Adam, "Sentimentalismo" , en Cuentos crueles; traducción: R.M.)

13 comentarios:

Stalker dijo...

Touché avec Villiers...

Mi adhesión y admiración hacia los "Cuentos crueles" es infinita. Casi me gusta más que Poe, que ya es decir... Villiers sigue siendo un poco secreto, como Marcel Schwob: no han tenido un excesivo predicamento quizá porque no lograron perpetuar su magisterio a partir de un símbolo tangible, sólido, o una imagen reconocible y exportable (condición sine qua non para ingresar sin remilgos en un canon). Pero esto les hace bien, estar un poco a la sombra. A Villiers y a Schwob hay que buscarlos, no se presentan fácilmente.

El fragmento es demencialmente delicioso. El analítico y aparentemente frío, sucumbe; la plañidera sobrevive intacta. Diferencia insalvable entre las formas espectrales de lo fantasmático social y el cuerpo adentro. Si no se expone uno cuerpo adentro, no se sucumbe al duelo.

Grande.

Salud

Portinari dijo...

Kandinski y cuento antes de irse a dormir. Me falta una buena taza de café, o chocolate que me resulta más de ayuda, para que sea como imaginaba.

En muy pocas líneas dice muchas cosas, me gusta como refulgen así las ideas.
Me gustaría que hubiera más cantantes que plañideras, y más aún que esto, que abudaran aquellos que, como el conde, saben dónde hay que buscar las ranuras.

Un saludo después de tiempo Rubén

raúl quinto dijo...

ese es el arte oscuro, el artista-sombra busca material para su arte en todos sitios, un llanto es un canto, un tajo de sangre en la pared un fresco, sesgar una cuerda vocal con una cuerda de violín.... no sé, estoy cansado y digo muchas tonterías, pero me he sentido identificado con el texto, como decía aquel amigo del cocoon "tío, esto a mí me ha pasao!"

Pucelle aux Petites Manches dijo...

Gran lectura, les Contes Cruels.
Con esta cita me traes recuerdos olvidados de la época en que los leía.
Me sumo a lo que dice Raúl: a mí esto también me ha pasao.
Un beso,

M.

ana dijo...

es como el secreto de cada persona, lo insospechado. no se trata de realidad y apariencia sino de planos.

no conocía a villiers, carencia mía, otra anotación más en mi lista de pendientes.

rubén m. dijo...

De Villiers es fácil quedarse en el tópico del escritor decadente y refinado, arquetípicamente francés y decimonónico. Pero cuando uno entra en él se da cuenta de que en el relato corto no tiene nada que envidiar a los más grandes: puede ser tan terrorífico como Poe, tan sutil como Chejov, tan inquietante como Hoffmann, tan refinado como Wilde.

Este fragmento por ejemplo es una joyita de orfebrería, un microrrelato, fijaos como de apenas una anécdota cada uno habéis extraído una lectura distinta. Stalker se ha fijado en el contraste entre la fantasmagoría social y el interior de uno, Raúl en la inevitable condición del artista, Ana en la profundidad intransferible del secreto. Y aún habría mucho que hablar de este parrafito, sobre hipocresía, luto, lenguaje y expresión.

Me alegro de que Stalker y Martha ya sean fans de Villiers y de que los demás, si no lo sois, vayáis en camino...

abrazos

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Yo me inclino a pensar, más que en la crueldad del cantante, en la huida del dolor. Cuando el dolor se hace insoportable, nuestra mente viaja hacia lugares extraños. ¿No es esa una manera de eludir el dolor, entretenernos en trivialidades cuando la realidad nos supera?

rubén m. dijo...

Esther, esa también es una lectura muy válida, más psicológica, y si enfocamos el párrafo como una descripción de ese mecanismo de evasión mental sigue siendo igual de certero y valioso: ciertamente hay cosas que son imposibles de pensar, y casi de vivir. En esos momentos uno enfoca la mente donde puede. Yo tampoco creo que el cantante sea cruel en ningún aspecto, en todo caso incapaz de empatizar con el sufrimiento de la hermana, pero por cómo concluye la historia queda claro que ese sufrimiento era en gran parte un rito social.

besos

MARIEL dijo...

Gracias por el descubrimiento, Rubén. Y por los comentarios, a todos. Son un inventario de reflexiones profundas, todas válidas.

Me sedujeron todas: la del luto interno al que se sucumbe y el rito externo que no desgarra; la del artista en cualquier ocasión y en todo momento; la de la negación del dolor como estrategia de supervivencia; la de la impermeabilidad del dolor y sus diferentes formas de expresarse.

Lo cierto es que el relato es cruel, muy cruel, porque tanto la actitud de la hermana como la del cantante le resultarían intolerables a la difunta si estuviera viva pero imaginándose muerta y en esa compañía (quizá sea la que está, ya medio muerta y con la flor sangrienta en el regazo, en el cuadro que tan bien elegiste).

Siento que la crueldad está en el oído del artista que parece esfumar todo lo que lo rodea, menos los defectos vocales de la hermana sufriente (de quien Villiers no da a entender que sobreactuara).

Quizá el cantante murió luego porque para su temperamento artístico ese matrimonio era una obra perfecta que ningún otro podría igualar.

Cuando la constación del defecto vocal de los deudos supera la aflicción por la muerte del difunto hay aroma a crueldad. Hay crueldad en el exceso. ¿No podría el cantante, simplemente, haber abrazado a la hermana y alcanzarle un pañuelo para que se sonara los mocos?

Besos a todos y excepcional fragmento y traducción.

MARIEL dijo...

P.S.: Buenos Aires, que tantas sorpresas nos depara, tiene que entregar en algún momento el Corpus de Nancy. Lo busqué en un par de "grandes" librerías cercanas y no estaba. Pero no es ahí donde debo buscar.

rubén m. dijo...

Mariel,

tu óptica es personal y visionaria como de costumbre. Además has descubierto una interacción con el cuadro de Kandinski que no había pensado, la mujer como el fantasma de la amada, con las rosas sangrientas... Podría haber elegido un cuadro más adecuado en apariencia al tema, pero desde que vi éste y me fijé en el pianista, enlutado, absorto y con melena, me dije: éste es el cantante de Villiers. Aunque en el cuadro dea un pianista.

El relato es deliciosamente ambiguo, por eso no he visto en un principio que el cantante sienta más el desagrado por la voz de la hermana que la aflicción por la muerte, sino que su dolor era mudo, incapaz de expresarse, incapaz siquiera de ser pensado. Pero tu lectura añade unas gotas de crueldad esteticista muy de Villiers.

Espero que tengas suerte con el "Corpus" en tu rizomática Buenos Aires, seguro que alguna oscura librería lo guarda como un tesoro que te espera.

PD: la traducción la hice en un pispás, porque no encontré el cuento traducido al español en la red, seguro que he metido la pata en algo porque lo poco que sabía de ese idioma lo tengo oxidadísimo...

MARIEL dijo...

Mirá si la traducción es buena que no se nota que es una traducción. Fluye tan naturalmente ... Y el fragmento que elegiste da para tirar y tirar de la cuerda ...

Mañana es feriado por acá pero el martes saldré de gira detrás de Nancy por las cuevas doradas de los libreros amigos que resisten desde sus trincheras.

Beso y abrazo (y buen domingo), Rubén.

adolfo dijo...

curioso y lirico texto sutil y fino como todo lo galoy oportuno ruben!un hallazgo!besazo grande