viernes, 4 de septiembre de 2009

el deseo según marguerite duras






"Como tú, yo también he intentado luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Como tú, he olvidado. Como tú, he deseado tener una memoria inconsolable. Una memoria de sombras y piedras. He luchado por mi cuenta. Con todas mis fuerzas. Contra el horror de no entender ya la necesidad de acordarme. Como tú, he olvidado. ¿Por qué negar la necesidad evidente de la memoria? Escúchame. Todavía sé. Volveré a empezar. Doscientos mil muertos. Ochenta mil heridos en nueve segundos, son cifras oficiales. Volveré a empezar. Habrá diez mil grados sobre la tierra. Diez mil soles, dirán. El asfalto arderá y reinará un profundo caos. Una ciudad será destruida entonces y se convertirá en cenizas. Me encuentro contigo, me acuerdo de ti, ¿quién eres? Me matas, me das placer. ¿Cómo saber que esta ciudad estaba hecha para el amor? ¿Cómo saber que tu cuerpo estaba hecho para mí? Me gustas, qué acontecimiento, me gustas. Qué lentitud, de repente. Qué dulzura. No puedes saber. Me matas, me das placer. Me matas. Me das placer. Tengo tiempo, te lo ruego, devórame. ¿Por qué no tú, en esta ciudad, en esta noche? Tan parecida a las demás como para confundirla."


(Hiroshima mon amour; dirección: Alain Resnais; guión: Marguerite Duras)

13 comentarios:

raúl quinto dijo...

este principio es una de las cosas más intensas que he visto en una película jamás. absolutamente hipnótico, crudo, verdadero.

me he visto tentado más de una ocasión con colgarla en mi blog, pero aquí está. Los pelos de punta, como siempre.

La poesía y la historia, el horror y el placer, el olvido y la llaga...

rubén m. dijo...

Estoy más que de acuerdo, lo suscribo en cuerpo y alma. Un comienzo bellísimo.

Y con el monólogo de la chica francesa de Duras, cómo no identificarse, quien ha vivido, ¿verdad?

un abrazo

La paciente nº 24 dijo...

Comment me serais-je-doutée que cette ville était faite à la taille de l’amour?

No saber de las arquitecturas de una ciudad o de un cuerpo, no conocer las temperaturas con las que funcionan o si son funcionales para una. Los cadáveres no son más que destrucciones, las nuestras, de no saber tantas cosas…

C’est bien ça?

rubén m. dijo...

Paciente,

como de costumbre tu demencia es rizomática y penetrante. Hay ciudades-cuerpo y cuerpos-ciudades, arquitecturas y anatomías hechas para el asombro y lo imprevisto. Aunque quizás las destrucciones son producidas por saber demasiadas cosas, descubrir la verdad calcina y destruye, aunque sea una quemadura placentera, la de la trasformación.

Aprovecho tu visita para volver a visitar tu extraordinario blog, enlazarlo y recomendarlo a los intrusos asiduos de este cuerpo extraño. El pasillo de la octava lo merece.

C´est très bien

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Qué delicia.











Qué miedo.



pero


qué delicia.

Pucelle aux Petites Manches dijo...

Delicioso, sí.
¡Se agradece!

Stalker dijo...

Rubenóvich:

me alegra que abordes una entrada que pensaba hacer yo mismo (quizá todos lo pensábamos) pero no encontré tiempo para rumiar y confeccionar.

Tampoco ahora dispongo de tiempo para pensarlo como se merece. Ésta es una de las pocas alianzas verdaderamente fructíferas entre cine y literatura. El cine como arte de la memoria, como exhumación y conjura de los muertos. ¿El cine como sutura, como alivio o cobijo? En todo caso, imágenes que salvan en abrazos desesperados, cuerpos diseccionados que aman en la discontinuidad, el fragmento (el montaje) como única redención ante el abismo insostenible de la mirada aterrada, la mirada que no condesciende al fresco, al discurso, a la decadencia de la verticalidad-continuidad.

Impactante.

abrazos

ana dijo...

posiblemente mi película favorita, aunque llamarla "película" no describe mi relación con ella, llamarla "película" no la describe ni me describe.

a veces no acierto a nada.

rubén m. dijo...

Esther et Pucelle:

Sí, un pasaje como éste hace sentir la delicia y el miedo en toda su intensidad.El deseo como destrucción y la destrucción como metamorfosis radical, tal vez. Hace muy poco, después de haber colgado esta entrada, hablé con una persona a la que aprecio acerca del miedo, el miedo a sentir demasiado y a las transformaciones que puede ejercer ese amor o deseo tan intenso. El tema es interminable.

besos

rubén m. dijo...

Stalker:

me gusta haberme adelantado a ti y a Raúl, aunque tengo curiosidad de ver cómo hubiéseis abordado esta "película" en vuestros espacios, así que espero que en un futuro no nos privéis de vuestra mirada sobre Hiroshima Mon Amour.

Tus palabras sobre ella son tan afiladas como cabía esperar de ti. El cine como sutura imposible, el lenguaje y los cuerpos condenados a una discontinuidad que aman pero que los desgarra.Impactante, sí.

un abrazo

rubén m. dijo...

Ana:

no sabía que "Hiroshima Mon Amour" fuera posiblemente tu "película" favorita, en ese balbuceo de no llamarla película y de no saber definir tu relación con ella aciertas, aunque digas que no, porque esa indefinición es la que yo siento también ante ese tipo de obras que traspasan su categoría de tal modo que te impactan vitalmente, son actos más que obras de arte, actos que modifican tu modo de vivir.

A mí "Hiroshima Mon Amour" me impresionó hasta extremos difíciles de exponer, de hecho me reveló cosas sobre mí mismo y sobre el libro que acababa de escribir, que comprendí mejor gracias a ella. Hay muy pocas experiencias artísticas con las que me haya pasado esto, esa especie de revelación sobre uno mismo o de intrusión de lo percibido en la mirada. Hace poco volví a ver el "Crash" de Cronenberg, que junto a ésta de Resnais y el "Juana de Arco" de Dreyer forma las tres "películas" (que ahora recuerde) con las que me ha sucedido algo así. Aunque a algunos les pueda sonar blasfemo comparar un clásico como Hiroshima con una cinta que aún algunos consideran como un vacío postmoderno como Crash, las dos muestran la fascinación, la revelan en todo su poder y rasurando todo lo superfluo que pudiera interrumpir esa trasmisión de lo imposible, de la mirada absorta ante la otredad: narración, retrato de personajes, montaje. También son obras sobre la destrucción y el deseo. Pero me paro aquí, que podría estar escribiendo durante horas sin demasiada lucidez.

un beso

Arturo Borra dijo...

Hermosos comentarios, Rubén, para una película que logra un enlace de registros improbable. Comparto con Stalker que lo habitual es que el vínculo de cine y literatura falla de forma estrepitosa. En este caso ocurre lo contrario. (Esta es una de esas pelis que también a mí me hubiera gustado colgar en el blog).
Del fragmento de Duras sólo digo que es magistral, literalmente: enseña en un registro que no es del orden de la conceptualización abstracta sino del hundimiento en lo singular. (Ahí la literatura nos ayuda a comprender lo incomprensible de forma inigualable). El deseo se abre paso entre la devastación... "¿Cómo saber que tu cuerpo estaba hecho para mí?". Esa es la magia, la dulzura del goce...
Gracias por compartir.
Abrazo,
Arturo

rubén m. dijo...

Arturo:

"El hundimiento en lo singular"... Es una formulación muy apropiada, para ese descenso desde la Historia a la historia de uno, desde la destrucción por la fisión del átomo a la fusión del cuerpo. Una película complejísima, cuando hablo de ella me da la impresión de estar balbuceando palabrerías que no se acercan a describir su emoción ni su profundidad.

Gracias a ti por tus comentarios, compartir es sólo un placer. Un abrazo