

5) Su Oscar Ladoire particular ha de ser un personaje misterioso y gris; un funcionario empleado en los funestos y polvorientos sótanos de una oficina de Correos. Tras ver Ben-Hur en un cine de mala muerte -al tiempo que una puta vieja y desagradable le practica una manola-, quedará prendado de las familiares leprosas de Charlton Heston. Es tal su obsesión por esas dos mujeres que adquirirá irrefrenables deseos de contraer tan bíblica dolencia. Para ello, acude a la leprosería más cercana y le hace el amor, de manera altamente apasionada, a una paciente del centro médico.
6) La paciente ha de ser una mujer bella y sensual, pero purulenta y llagada. Él ha de meterle la lengua por todos los orificios de su cuerpo, hasta que descubra que la leprosa, aparte de las heridas causadas por su enfermedad, está dotada de un rabo rosado en forma de caracolillo al final de su coxis. Ello le causará tal trauma psicológico que, al empezar a notar los primeros síntomas del contagio, iniciará una sanguinaria e imparable carrera como serial-killer, acabando con la vida de todos los tocinos de su comarca.
(fotograma de Crash)7) La fotografía de la película ha de ser muy oscura, exageradamente tenebrosa. La ambientación intemporal, para que el espectador nunca sepa si se trata de un film futurista o del pasado. Es indispensable que la mayor parte de sus pasajes sean tratados de manera onírica. La mezcla entre realidad y sueño nunca falla: le dará prestancia a su producto.
8) Nunca han de quedar claras las intenciones por las que Ladoire mata a tantos puercos. Todo ha de ser confuso, aunque con sus actos (y siempre pensando en el espectador más curtido e inteligente) ha de apuntar sibilinamente hacia cierta crítica de la sociedad actual. El abuso del precio del jamón tras la instauración del euro, la similitud entre las pocilgas y los consejos de ministros o el malestar de los payeses por sus condiciones de trabajo, han de convertirse en segundas lecturas escondidas tras los crímenes cometidos por tan pusilánime leproso.

(fotograma de La mosca)
9) No se olvide jamás de colocar alguna que otra referencia a una posible rebelión de las máquinas (la aparición de una lavadora con voz propia o de un secador de pelo fabricado con piel de gallina, son dos buenas y alegóricas imágenes sobre el tema).

Con estos ingredientes habrá logrado una película de culto, de esas que aguantan años y años en sesiones golfas de fines de semana. Centenares de internautas dedicarán páginas exclusivas a su título. Y tras unos diez o doce productos más con constantes similares, podrá filmar una obra maestra en la que no habrá ni una sola purulencia.